“Me dejaron sola”: el duro testimonio de una joven de Metán que pide que se cumpla una condena por abuso sexual infantil

El relato de Frida Quintana, una joven metanense que fue víctima de abuso sexual desde su infancia, volvió a poner en el centro del debate el cumplimiento efectivo de las condenas judiciales. Con valentía, decidió hacer pública su historia para visibilizar una realidad que aún duele y para que otras víctimas no callen.
METAN30/01/2026Juan Cruz GorositoJuan Cruz Gorosito

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En Metán, una historia marcada por el silencio, el miedo y la lucha por justicia volvió a conmover a la comunidad. Frida Quintana decidió contar públicamente lo que vivió durante gran parte de su infancia y adolescencia, víctima de abuso sexual infantil por parte de quien fuera su padrastro, con un pedido claro: que la condena dictada por la Justicia se cumpla como corresponde.

Frida relata que los abusos comenzaron cuando era muy pequeña. En un contexto de confianza y manipulación, el agresor aprovechaba la ausencia de su madre para someterla, haciéndole creer que se trataba de “juegos” que no podían contarse. Con el paso de los años, esos hechos continuaron, incluso luego de que la familia se radicara en Metán. El daño, explica, fue profundo y persistente.

Las secuelas no tardaron en aparecer. En 2021, atravesando una situación límite, Frida tuvo un intento de suicidio. A partir de allí, con acompañamiento psicológico, logró poner en palabras lo que había vivido y en 2022 realizó la denuncia que dio inicio a un largo proceso judicial. Dos años después, en 2024, la Justicia dictó una condena de ocho años de prisión contra el abusador.

Sin embargo, según denuncia la joven, esa condena nunca se cumplió de manera efectiva. El condenado permanece alojado en una comisaría y no en una unidad penitenciaria, situación que Frida considera revictimizante. “Pasé por delante de la comisaría y lo vi afuera. Sentí que volvía a ser esa nena. Me faltó el aire, me cerró el pecho”, relató.

El miedo es una constante en su vida cotidiana. Frida asegura que no vive tranquila, que se mantiene en estado de alerta permanente y que teme por su seguridad y la de su familia. La posibilidad de que el condenado acceda a salidas por “buen comportamiento” profundiza esa angustia. “No entiendo cómo una persona con condena firme puede tener privilegios. A mí nunca me cuidaron”, expresó.

A pesar de haber terminado el colegio, realizar cursos y trabajar, la joven reconoce que las consecuencias del abuso siguen presentes: ataques de ansiedad, dificultades para socializar y una lucha diaria por reconstruirse. Aun así, eligió hablar. Eligió exponerse. Eligió romper el silencio.

“Yo no busco venganza. Solo quiero que se cumpla la condena”, insiste. Su decisión de hacer pública la historia surgió tras volver a cruzarse con su abusador y ante la falta de respuestas concretas por parte del sistema judicial. “Sentí que me dejaron sola”, resume.

El testimonio de Frida no solo interpela a la Justicia, sino también a la sociedad. Su mensaje final apunta a quienes atraviesan situaciones similares: no callar, buscar ayuda, denunciar y entender que no están solos. “Siempre hay alguien que puede acompañar. Denunciar es importante”, sostuvo.

Su voz, hoy amplificada, busca que ninguna otra historia quede atrapada en el silencio y que la justicia, finalmente, llegue de verdad.

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