Metán entre las localidades más afectadas de la provincia por mordeduras de perros

Durante 2025 se notificaron casi mil casos de mordeduras de perros en Salta. Metán figura entre los departamentos con mayor cantidad de personas afectadas, en un escenario que vuelve a poner en foco los riesgos sanitarios y la necesidad de prevención, especialmente en niños.

METAN07/01/2026Juan Cruz GorositoJuan Cruz Gorosito
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Las mordeduras de perros continúan siendo un problema de salud pública en la provincia de Salta y Metán aparece entre las localidades más golpeadas por esta situación. Según datos oficiales de la Dirección General de Coordinación Epidemiológica del Ministerio de Salud Pública, entre el 1 de enero y el 27 de diciembre de 2025 se notificaron 994 casos en todo el territorio provincial.

Si bien el departamento Capital concentra la mayor cantidad de reportes, con 583 casos (58,6% del total), Metán se ubica entre los departamentos con más personas afectadas, registrando 69 mordeduras en el último año. Junto a Capital, San Martín y Orán, estas jurisdicciones reúnen el 96% de las notificaciones, lo que evidencia una fuerte concentración del problema en zonas urbanas y semiurbanas.

El desglose de casos muestra además 256 notificaciones en San Martín y 48 en Orán, seguidos por Rivadavia (20) y Anta (10), mientras que otros departamentos presentan cifras aisladas.

Desde el punto de vista sanitario, las mordeduras caninas son consideradas accidentes potencialmente rábicos, ya que una de las principales vías de transmisión de la rabia al ser humano es a través de la mordedura de un animal infectado. Más allá de este riesgo, las consecuencias pueden ser severas y permanentes.

Las lesiones provocadas por mordeduras pueden derivar en infecciones, debido a la gran cantidad de bacterias presentes en la boca de los perros, además de dejar cicatrices visibles, especialmente en manos y rostro. En casos más graves, pueden verse comprometidos tendones, articulaciones y la movilidad de la zona afectada. Cuando las víctimas son niños, una mordedura fuerte incluso puede causar fracturas óseas.

A estas complicaciones físicas se suman posibles secuelas psicológicas. Especialistas advierten que algunas personas desarrollan trastorno de estrés postraumático, con miedo intenso a los animales, ansiedad y recuerdos recurrentes del ataque. Las cicatrices visibles también pueden impactar negativamente en la autoestima y en la vida social de las víctimas.

Frente a este panorama, desde el sistema de salud remarcan la importancia de la prevención. Recomiendan que los adultos enseñen a los niños a no molestar ni provocar a los animales, evitar el contacto con perros desconocidos y alejarse ante comportamientos agresivos. También subrayan la responsabilidad de los dueños de mascotas, quienes deben garantizar controles veterinarios periódicos, higiene adecuada y el cumplimiento del calendario de vacunación.

En Metán, donde las cifras reflejan una problemática significativa, el desafío pasa por reforzar la concientización comunitaria para reducir la cantidad de ataques y evitar consecuencias que, en muchos casos, pueden marcar a las víctimas de por vida.

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