Nuevamente Metán recuerda la Pasión de Cristo con el Vía Crucis Gaucho

Bajo un cielo que alterna entre el gris solemne y el sol tibio de abril, la ciudad de Metán vuelve a transformarse en el epicentro de la fe y el despliegue tradicionalista del sur salteño. El Vía Crucis Gaucho, una manifestación religiosa y cultural única en su tipo, reafirma cada Viernes Santo por qué es uno de los eventos más esperados del calendario litúrgico del norte argentino.
METAN03/04/2026RedacciónRedacción
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La logística de este evento no es una tarea menor. La coordinación entre la Parroquia San José, las agrupaciones gauchas locales y la Municipalidad de Metán permite que cientos de jinetes se desplacen en perfecta formación.

A diferencia de las procesiones urbanas convencionales, aquí el orden lo dictan los cascos de los caballos y el respeto a la jerarquía de los fortines. Los gauchos, vestidos con sus mejores galas —ponchos colorados con franjas negras, sombreros de ala ancha y rastras relucientes—, escoltan las imágenes sagradas con una disciplina que evoca las guardias de honor de la época de la Independencia.

Un motor de turismo religioso

En los últimos años, Metán ha dejado de ser un lugar de paso para convertirse en un destino de turismo religioso. La llegada de visitantes de provincias vecinas como Tucumán, Santiago del Estero y Jujuy satura la capacidad hotelera y gastronómica de la zona.

"No es solo ver una procesión; es sentir el aroma a cuero, el sonido del galope lento y la devoción de un pueblo que no olvida sus raíces", comenta un turista llegado desde Buenos Aires, impresionado por la magnitud del despliegue.

El impacto económico es tangible, pero el verdadero valor reside en la visibilidad que otorga a las costumbres locales, posicionando a Metán como un baluarte de la identidad salteña.

La tradición que no muere

El Vía Crucis Gaucho es, por encima de todo, un acto de resistencia cultural. En un mundo cada vez más globalizado, ver a niños de corta edad montando junto a sus abuelos, vistiendo el atuendo tradicional, garantiza el traspaso generacional de la fe.

Al caer la tarde, cuando el sol se oculta tras los cerros y las sombras de los jinetes se alargan sobre el camino de tierra, queda una certeza: en Metán, la Pasión de Cristo se vive a caballo, con el corazón en la fe y la mirada puesta en la herencia de los antepasados.

Una cita que, año tras año, demuestra que la devoción y la tradición son dos caras de una misma moneda en el alma del pueblo metanense.

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