Declaró Rosa Torino y sostuvo que las denuncias en su contra son un complot de un grupo de amigos

JUDICIALES 08 de julio de 2021 Por Redacción
El exsacerdote Rubén Agustín Rosa Torino (67) declaró hoy en el juicio que se le sigue por hechos de abusos sexual denunciados por dos exnovicios y una exmonja del instituto Hermanos Discípulos de Jesús de San Juan Bautista del cual fue fundador.
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Momento de la declaración de Rosas Torino

Luego de la comparecencia de los últimos testigos previstos por las partes, el imputado se sentó frente al tribunal y habló sin aceptar preguntas. Rosa Torino cerró su declaración afirmando que es inocente de todo lo que se lo acusa y que las denuncias forman parte de un complot.

Al comienzo de su exposición hizo un repaso por sus inicios en la vida religiosa. Dijo que a los 11 años ingresó a un colegio de la orden Salesiana en Córdoba y que en ese momento sintió el llamado a servir desde la fe. Luego, al finalizar el servicio militar, decidió consagrarse como sacerdote.

A continuación se refirió a la creación del Instituto Hermanos Discípulos de Jesús de San Juan Bautista. Afirmó que lo fundó para propiciar el encuentro de jóvenes con Jesús y que el objetivo de la congregación es “formar comunidad de discípulos”. Detalló que la institución creció tanto que llegó a tener más de 500 miembros y que solo en Argentina contaba con 19 diócesis.

Dijo que a su actividad sacerdotal la centró en Salta y que nunca tuvo problemas, ni denuncias, ni quejas. “Soy un hombre honorable. Esta situación me duele por toda la gente que me pregunta por el comedor que teníamos, las celebraciones... Los pobres siempre van a estar. Los donantes ya no colaboran. Todo porque un grupo decidió hacer esto”, manifestó Rosa Torino.

“Yo no estoy justificando ningún acto aberrante que haya cometido algún cura o la Iglesia. Creo que hay que enjuiciar y castigar, pero yo no cometí esos hechos. Veo con cuánta facilidad mienten y confunden”, añadió.

El acusado refirió que estuvo nueve meses en la cárcel sin quejarse, obedeciendo. Aclaró que actualmente se encuentra libre y no con prisión domiciliaria, como comentan alguunos. Y sostuvo que su detención se produjo a partir de la denuncia de la exmonja V. A., quien consideró que él se podía fugar porque accedió a una foto suya, donde se lo veía visitando Tierra Santa. “La Iglesia me pidió que pusiera distancia con los hermanos por todo lo que había sucedido. Unas personas se ofrecieron a pagarme el pasaje y fui a hacer un retiro espiritual. Fui y regresé en tiempo y forma”, explicó.

Acerca de las acusaciones en su contra, Rosa Torino dijo que su rol como fundador y superior general de la congregación no era el contacto diario con todos sus miembros. Sostuvo que, dada la envergadura que llegó a tener el instituto, ese tipo de interrelación era imposible. Aseguró además que los superiores no podían confesar a los súbditos porque eso estaba prohibido.

El acusado aseveró también que si algún hermano decidía abandonar la congregación podía hacerlo libremente. Le tenía que comunicar su decisión a su superior inmediato. Luego debía ponerlo por escrito, de puño y letra, y a esa nota se la elevaba al consejo. Rosa Torino explicó que en ese texto se esgrimían los motivos del egreso a grandes rasgos y no se comentaban detalles “para no repetir las miserias” de las personas.

Manifestó que en su comunidad religiosa, como en todas, podía haber problemas, pero afirmó que siempre que él se enteró de algún error o comportamiento inadecuado de alguno de sus miembros, lo corrigió.

“Y fue cuando puse límites que aparecieron todas estas denuncias – asoció-. Esto me duele pero no estoy enojado. Muchos deseaban estar al lado mío pero no como colaboradores, sino para trepar”, consideró.

Rosa Torino hizo referencia a Juan Bo, exhermano de la orden que fue denunciante en el proceso canónico iniciado en su contra y testigo en este juicio. “Él ha mentido mucho. Fue el que encendió la mecha. Nunca vino a preguntarme sobre los supuestos hechos que cometí”, aseguró.

Sobre los dichos de sus denunciantes en esta causa, Rosa Torino sostuvo que todo es un complot de un grupo de amigos, armado en Buenos Aires. “Qué casualidad que las tres denuncias sean iguales, con las mismas frases”, deslizó.

Acerca de sus posesiones, el acusado aseveró que tiene una sola casa que le fue donada, la de Finca la Cruz, que es donde reside actualmente. Dijo que los otros inmuebles que tenía la congregación eran prestados por el Gobierno o cedidos por obispados de las diferentes provincias donde tenían sedes.

Aclaró, además, que él sigue siendo sacerdote porque el derecho canónico le tiene que hacer un juicio para expulsarlo. “En lo eclesiástico no se me ha iniciado ningún juicio, lo que tengo es un sumario administrativo”, diferenció. Y comentó que  sigue celebrando su misa en forma privada, sin asistentes.

Rosa Torino reiteró que todas las acusaciones en su contra son injurias. “¿Cómo voy a manosear a un joven? ¿Con qué fin? ¿Qué gozo puedo tener?”, preguntó. “Esto está armado con total caradurez. Buscan destruir, pero mi vida va a continuar. Deseo que la verdad salga a la luz”, manifestó el acusado.

Antes de la declaración de Rosa Torino, el tribunal y las partes escucharon el testimonio de un sacerdote de la congregación, propuesto por la defensa, y de dos exhermanos propuestos por la fiscalía.

Finalizados los testimonios, los jueces procedieron a incorporar la prueba reunida a lo largo del proceso y pasaron a un cuarto intermedio hasta mañana, a las 9, momento en que se producirán los alegatos.

El juicio está a cargo de los jueces de la Sala IV: Maximiliano Troyano (presidente), Norma Beatriz Vera y Roberto Faustino Lezcano (vocales).

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