Hoy se celebra el día de la Virgen del Milagro tras el terremoto del año 1692

MILAGRO 202613/09/2026RedacciónRedacción
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El 13 de septiembre de 1692, mientras la próspera ciudad de Esteco sucumbía aplastada por un violento sismo, la villa de Salta temblaba en medio del pavor de sus habitantes. Fue en las penumbras de la Iglesia Matriz donde comenzó a tejerse uno de los hechos más misteriosos e impactantes de la fe sudamericana: el milagro de la Virgen que intercedió ante la catástrofe.

Ubicada a tres metros de altura en un nicho del retablo mayor, la imagen de la Inmaculada Concepción cayó hacia el suelo por la violencia de las sacudidas. Al ingresar los sacerdotes al templo en penumbras, temiendo lo peor para las reliquias sacras, hallaron una escena prodigiosa. La imagen no solo yacía al pie del altar sin rotura alguna en sus manos o en su rostro, sino que reposaba a los pies del Sagrario en una inconfundible posición de súplica.

Lo que más conmocionó a las autoridades coloniales y a los vecinos fue la inexplicable transformación de la propia escultura. La corona que adornaba las sienes de la Virgen había quedado posada frente al sagrario, mientras que encajes y vestiduras continuaban intactos. Pero el verdadero signo astronómico de angustia e intercesión radicaba en su tez: el rostro de la imagen, habitualmente sonrosado, había perdido sus tonos para adoptar una marcada palidez, en señal de dolor por el sufrimiento del pueblo salteño.

Llevada primero a la casa del alcalde Bernardo Diez Zambrano y expuesta al día siguiente al aire libre frente al templo, la escultura continuó realizando continuos mudamientos de color. A la vista de toda la muchedumbre angustiada, su semblante se tornaba lívido por momentos para luego recobrar calidez, fenómeno que la multitud interpretó como una viva conversación de la Madre clamando misericordia divina.

Esa sucesión de hechos inexplicables antes de que comenzaran las procesiones populares fue el detonante para que el pueblo dejara de llamarla la Inmaculada Concepción y la rebautizara espontáneamente como la "Virgen del Milagro". Tres siglos después, la memoria colectiva de los salteños sigue recordando aquella tarde en que una figura de madera cambió de color y entregó su corona en el altar para evitar que la tierra devorara a la ciudad.

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